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Dirección: Lilo Vilaplana

Guíon: Alejandro Maderal

Elenco: Manuel Pijuán-Carreño y Juan Alberto Cepedo

Asistente de dirección: Alejandro Maderal

Producida por: Alejandro Maderal 


Prohibido hablar de la cosa, escrita y producida por Alejandro Maderal, dirigida por Lilo e interpretada por los experimentados Manuel Pijuán-Carreño (quien laborara en la TV Cubana) y Juan Alberto Cepero (que encarna al abogado Andrés Cabrera en la actual telenovela Bajo el mismo cielo, de Telemundo).

Hospital Psiquiátrico de La Habana (antiguo Mazorra). Consulta del doctor Quintana y ex capitán del MININT. En la pared derecha se lee una sintomática fecha: 17 de diciembre de 2014. El psiquiatra atiende al paciente Alberto Morales Padrón, Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana y ex convicto del Ministerio del Interior, MININT (versión cubana de la Stasi germano-comunista), diagnosticado por el doctor como maníaco depresivo.

¿La causa? El “loco” dice verdades y chistes políticos que todos saben, en la aherrojada Isla, pero no osan decirlas por temor (y terror) a represalias por parte, justamente, del temible MININT, en una de cuyas cárceles ha estado prisionero, tras ser ‘diagnosticado’ por el propio doctor como ‘antisocial peligroso’.

El ex oficial y psiquiatra desespera ante la tozudez y honestidad del paciente que no soporta vivir en Cuba, y solo espera salir de Mazorra para partir al exilio. Ambos discuten sobre la insoportable situación política, económica y social del país destruido por los Castro, cuyo sistema fascistoide de extrema vigilancia, represión y terror impuso entre la población desde décadas atrás uno de los numerosos úkases, edictos y/o decretos padecidos por todos: ‘prohibido hablar de la cosa’.

El doctor —con la ‘doble moral’ aprehendida y aprendida por los cubanos para sobrevivir— es un hipócrita que, consciente de la desgracia padecida por la mayoría, calla y hace callar al supuesto orate cuya honestidad le ha llevado a la cárcel y al posterior ingreso del Hospital.

El texto, sencillo y válido, convence por su expresa cubanía y veracidad histórica, en tanto ofrece una posible muestra de los “éxitos” de Ministerio de Salud Pública de la Isla, tal se comprobó pocos años atrás, cuando en el propio hospital, donde fallecieron 26 ancianos indefensos que, abandonados, fueron objeto de “negligencia criminal”, en una de las ya entonces destruidas instalaciones con ventanas rotas y en muy malas condiciones: terribles hechos acontecidos en la temible institución de ¿salud? habanera, solo informados a la poblacion cuando ya era imposible acallar la tragedia. Entonces, el “flamante” Ministerio de Salud Pública tuvo que admitir la muerte de las paupérrimas 26 personas, a través del farsante diario Granma.

Tan graves fueron estos hechos, que evocaron al crítico el tristemente célebre campo de concentración de Auschwitz-Birkenau que —con capacidad para 2.500 prisioneros, cinco cámaras de gas y hornos crematorios— visitara en 1977 quien escribe a petición suya, durante una estancia de tres semanas en Polonia, debido a sendos lauros merecidos en el Concurso “La Edad de Oro”: Premio de Texto en el género Canción para Niños (con música del hoy también residente en EUA Danilo Avilés, quien también viajó al país europeo) y Primera Mención de Poesía.

Bajo la acertada conducción artística de Lilo, los desempeños de los intérpretes guardan el necesario equilibrio que no permite oscilaciones hacia el panfleto, a lo que se suman los momentos de ineludible risa en numerosos parlamentos del supuesto ‘loco’.

En consecuencia, el hipócrita capitán-doctor de Pijuán-Carreño y el aparente enajenado de Cepero guían las complejas criaturas, concebidas por Alejandro Maderal con el profesionalismo ganado durante décadas en sus respectivas labores actorales (TV y teatro).

 

 

 

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